La intimidante (pero inevitable) idea del cambio

by - enero 09, 2021



De nuevo inicio de esta entrada, que es tan nueva como lo fue la anterior en su momento, la de hace casi un año, diciendo "llevo meses sin escribir en este blog, casi 12 para ser exacta".


Pero esta vez no he sentado a escribir esto seis veces, ni he pensado durante horas cómo decir lo que diré y cuándo publicar esto para que tenga "un buen alcance". Sino que, mientras desayunaba hace 10 minutos más o menos, tuve esta idea y entonces aplacé toda la agenda y los pendientes de la mañana para sentarme a escribir, porque como ya he dicho, me gusta escribir desde las entrañas y aprovechar los momentos en los que se me dispara la chispa que me motiva a decir lo que diré, porque, si dejo que se apague, pasa lo que pasó el año pasado, el 2020, el misterioso y extraño 2020, u olvido lo que quería decir o me deja de parecer importante o me empiezo a llenar de limitantes que al final desatan que le de click a "guardar borrador" y hasta ahí llegó la cosa.


Ahora, de qué va esto a lo que le digo "La intimidante (pero inevitable) idea del cambio". Trata sobre todo un poquito, desde la vida, que cambia así lo queramos o no (para una muestra, el 2020), los planes, los hábitos, la rutina, la salud, la organización, el futuro. Todo. Y quiero escribirlo, para soltarlo al viento, como terapia personal, quizá en el camino tenga suerte y alguien resuene con ella, pero eso es lo de menos. Quiero poder poner en palabras esta reflexión que me viene causando un peso en los hombros desde hace rato, y que no he podido darle forma, entonces, como no la he aceptado ni la he entendido del todo, no se va. Y la verdad, estoy harta de tener pesos innecesarios.


A ver te cuento más...


Siempre había sido alguien a quien le costaba bastante adaptarse a los cambios, me gustaba que todo fuera de una única forma, seguro, claro, evidente. E S T Á T I C O. Eso me hacía pensar que tenía el control; de mi vida, de mis cosas, de mis actividades, de mi futuro. Por eso tuve esa obsesión con la organización, los horarios, los planes, las rutinas, que me llevó a comenzar este blog, y por eso lo escribí constantemente hasta que, descubrirme envuelta en medio de todo eso y mirarme desde afuera me hizo descubrir que estaba siendo todo menos la persona que quería ser, que hacía todo lo que tenía que hacer pero poco de lo que quería hacer, porque estaba demasiado preocupada en cumplir con lo obligatorio, que había entrado a esa secta sin nombre, ley o dirección por la que había reducido mi valor personal a la productividad. 
Ese es, el mal del siglo.

La razón por la que este espacio comenzó, fue la misma razón por la que casi termina.

No quería seguir alimentado ni en mí ni en otras, esa terrible opción que fomenta el control ficticio de la vida que no es ni será de una sola forma, y que no sigue ni seguirá un solo camino.

Pero regresé, y ahora pienso y enfrento diferente el tema de la productividad.

Ha sido un proceso que me sacudió desde hace un año que escribí la entrada de "La errónea idea de la productividad personal", pero comenzó en forma después de 6 meses del 2020, de marzo a septiembre, en los que no tuve ninguna obligación, tarea o pendiente por hacer y entonces me quedé sin piso. Meses en los que estuve a total merced de mí misma para hacer o no hacer algo, meses en los que descubrí la mala relación que tenía por cumplir todo a cabalidad y la poca flexibilidad y apertura al cambio que había alimentado por años.

He entendido que la vida no es una carrera, sino un camino y un P R O C E S O, que nos lleva a algún lado, a cualquiera, no tenemos que saber a cuál ni a dónde, por eso no tenemos que planearlo compulsivamente, y por eso no podemos controlarlo.

Volví porque ahora quiero demostrarme que salí de ese agujero negro, y en el proceso de demostrármelo quiero crear un espacio que pueda ayudar a otros a descubrirlo, a valorar y aceptar la intimidante (pero inevitable, importante y necesaria) idea del cambio. En un inicio no es fácil, como todos los caminos de "desintoxicación". Yo sé que suena extraño decirlo así, y lo que menos quiero es salir de una secta para entrar a otra jajajajaja o hacerte pensar que el desorden es la solución a todo, porque no, nada es de extremos. Pero la productividad puede volverse una adicción, como cualquier otra, y el camino para retroceder de esa obsesión y reenrutarse a algo más saludable mentalmente es necesario.

Sé que parece mentira, pero hay vida más allá de establecer horarios cuadriculados, rutinas inamovibles y hábitos que están lejos de ayudarnos a ser mejores, porque realmente nos limitan a poder ser lo que queremos ser y hacer lo que queremos hacer.


Un abrazo.

- Alejandra.



Créditos: Foto de portada por Tanner Larson desde Unsplash. Edición propia.

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